Pestañeaba con incredulidad. Demasiada luz.
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Un fuerte aroma a roble, tejo y tierra húmeda, se filtraba por sus fosas nasales, hasta dinamitar el origen de sus recuerdos. Mientras tanto, iba ubicándose en la realidad. Realidad horizontal.
No entendía por qué el mundo había decidido girar noventa grados, pero tampoco le importaba. Demasiada luz como para pensar en reflexiones complejas.
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Seguramente habría sido él quién había caído en el suelo. Una mano se tendía ante sus ojos, solícita, discreta. Apretó pues la enguantada compañera, y recuperó la verticalidad.
Poco a poco, con la discreción de los sueños, la luz fue disipándose hasta mostrar a su acompañante.
Rodeado de libros y estanterías, enmarcado entre historias perennes, sonreía de mediolado Marcos Carabal.
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- ¿Qué hago aquí? -
- Vivir.-
- Tengo la sensación de que es un sueño.
- En efecto, lo es.-
- ..... -
- Necesitamos que sigas con nosotros.
- Pero... yo quisiera vivir... como siempre.-
- No he dicho lo contrario.-
- ¿Qué se supone que debo hacer? -
- Vivir.-
- Eres muy ecléctico.-
- Lo se, tú me creaste.-
- No es cierto, lo hiciste tú solo.-
Marcos Carabal paró un momento para reflexionar sobre estas palabras. Había subestimado a su interlocutor. No obstante, contraatacó.
- ¿Te suenan las palabras "Ojos verdes"?.-
- ¿Marcos, qué estás intentando?-
- Vivir.-
- Formas parte de una fantasía, nunca vivirás, ni nunca morirás.-
Un silencio de páginas en blanco les rodeó a ambos. Los ojos verdes del muchacho de barba desaliñada, suplicaban no verse reflejados en aquel lugar. Pero seguían fijos a los de su interlocutor, con la determinación ciega de los románticos. Un grito llenó la sala.
- ¡A las armas!-
Entraron en tropel una veintena de hombres vestidos con armaduras desgastadas. Distintos emblemas adornabam sus escudos y pecheras. Con la precisión del impulso nervioso, se atrincheraron en la entrada. Uno de ellos, el que parecía llevar el mando, se acantonaba junto a un joven muchacho, mientras miraba a través de una de las ventanas.
- ¡Íñigo! ¡¡Pardiez!! ¡Lumbre! .-
El muchacho obedeció, y encendió la mecha de un fusil corto, que era portado con sumo cuidado por el capitán Alatriste. Ahora lo reconocía. Con el gesto decidido y el mal humor de un mendrugo de pan.
Gritaba órdenes a sus compañeros, mientras diversas explosiones se oían en el exterior de la casa.
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"Dop"
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El sonido de un libro cerrándose volvió a mostrar a Marcos Carabal, quien enseñaba orgulloso un volumen de tapas amarillas desgastadas. Todo el frenesí que les había acompañado hacía sólo unos segundos, había desaparecido.
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"Dop"
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Richelieur entró a caballo por la puerta que anteriormente defendía Diego Alatriste. Le perseguía un joven mozo de pequeña estatura, con expresión desafiante, cabalgando con la alegría de la juventud.
De un salto, alcanzó a su enemigo, derribándole. El muchacho y Marcos tuvieron que apartarse para no ser aplastados por alguno de los caballos.
-¡Hola! ¡Te alcancé maldito cardenal! -
-¡Sucia rata!-
El viejo atacó con su cetro a Dartagnan, quien esquivó con facilidad el golpe mientras giraba en el aire. Desenvainó su espada y atacó con la pasión de los mosqueteros.
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"Dop"
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Todo volvió a desvanecerse.
- ¡Deja de hacerlo! - el chico levantaba el brazo con impotencia.- ¡Empezaba a ponerse muy interesante!-
- Ya sabes como termina.-
- Joder ... ¿por qué te hice tan molesto? -
El estruendo de un relámpago irrumpió entre los jóvenes. Un intenso olor a azufre iba colmando de oscuridad sus corazones. El siseo de una serpiente mostró a un hombre alto, envuelto en una túnica negra, con la misma serpiente a sus pies.
- ¡Agachaos! ¡Expelliarmus! - una pequeña onda expansiva les lanzó contra la pared. El ser encapuchado ni se inmutó. Giró con parsimonia, y dejó entrever una varita mágica entre sus podridos dedos.
- ¡Avada Kedavra! -
- ¡Expecto patronum! -
- ¡Crucio! -
Los hechizos resonaban con fuerza, mientras los dos jóvenes intentaban no ser alcanzados de rebote por alguno de ellos. Acurrucados en una esquina, contemplaban con incredulidad la lucha entre el bien y el mal. Marcos decidió que ya habían corrido suficientes riesgos, y cerró el libro.
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"Dap"
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- ¡Sectumsempra! - Harry Potter giraba en el aire, retorciéndose de dolor. Había perdido su varita. Lord Voldemort se regocijaba ante su sufrimiento.
El muchacho de ojos verdes atendió atónito a la decisión de su acompañante. Su mano se había interpuesto entre las páginas del libro, impediendo que se cerrase.
- Quiero ver como termina.-
- ¡Pero no ves que está sufriendo! - Marcos gritaba con fiereza. Intentaba separar en vano aquellas páginas de su creador.
- Ni se te ocurra cerrarlo. Si lo haces, creo que yo también desapareceré.-
- ¡¿Por qué dices eso?!-
- ¡Por esto! -
El chico saltó en medio de la escena y se hizo con la varita del maltrecho mago.
- ¡Expelliarmus! - la mano de Voldemort se abrió con un espasmo, dejando ir su arma. Harry cayó al suelo, recuperando el conocimiento.
- ¡Gracias! - volvió a coger su varita y relanzó el contraataque.
- ¡Abre más libros!
- ¿¡Qué!? -
- ¡Que abras más libros Marcos!
Una onda expansiva mucho más fuerte que la anterior los derribó a todos. La oscuridad seguía envolviéndoles a todos. Esta vez, adornada con matices anaranjados y rojizos, que poco a poco se iban haciendo más intensos.
- ¡Que emocionante! -
Harry no parecía tan entusiasmado. Incluso Lord Voldemort miraba con cautela hacia lo que se aproximaba. Marcos se parapetaba detrás de todos ellos.
- ¡No puedes pasar! ¡Noo! - una luz blanca chocó contra las llamas que se les venían encima. Gandalf el blanco les protegía con mucho esfuerzo.
- ¡Expecto patronum! - una cierva azul fue a chocar contra el Balrog de Moria, mientras un relámpago verde hacía pedazos la vara del Mithrandir.
- ¡Avada Kedavra! -
- ¡Shirak! ¡Kair tangus miopiar! - Raistlin Majere contrarrestó el golpe lanzado por Lord Voldemort.
Un dragón gigantesco sobrevoló la escena, inundando de llamas los alaridos del Balrog.
- ¡Esto es muy peligroso! ¡Parémoslo!- Marcos Carabal intentaba hacer entrar en razón a su creador, quien iba abriendo libros mientras esquivaba los ataques de ambos bandos.
-¿Donde nos encontramos Holmes? -
- Elemental querido Watson. Debemos estar en alguna realidad paralela a la nuestra. Fíjese como la posición de los astros no concuerda en absoluto con la iluminación. Eso, sin hacer mención, a todas estas criaturas que nos rodean. Aquel hombre que se lanza contra las estanterías es harto sospechoso.
Su gesto muestra despreocupación, desengaño, soledad... Advierta como el cuello de su camisa está incorrectamente colocado. Sus pantalones arrugados y la barba de cinco días, quizás seis.
-¡Holmes cuidado! - una llamarada pasó rozando la gabardina del detective.
- No se preocupe. Esa bestia escupe fuego con la precisión de un irlandés. Ni a media pulgada de distancia conseguiría acertarme.
El chico, mientras tanto, seguía abriendo libros: El juego de Ender, Los pilares de la Tierra, Moby Dick, La conjura de los necios (no es necesario que os cuente como reaccionó Ignatius Reilly al encontrarse en tan cansada situación), 1984, Los miserables, Robinson Crusoe, 20000 leguas de viaje submarino, Los hijos de la tierra, El cazador de sueños, El conde de Montecristo, Yo, Robot , El conde Drácula, Un mundo feliz, La sombra del viento, Lolita, Lestad el vampiro, muerte en el nilo, Peter Pan, Wilt, El nombre de la Rosa, El club Dumas, El perfume, Star Wars, La joven de la perla, Anna Karenina, Brooklin Follies, Alicia a través del espejo, Mascarada, Tokio Blues, La historia interminable, Christine, Conan el Bárbaro... La sombra del viento.
Julián Carax observaba con diversión como su alter ego seguía vaciando sus librerías.
Ya nadie luchaba allí. Los personajes de tantas y tantas horas de su vida, salían como una brisa escarlata de las páginas que los contenían, y se impregnaban en el cuerpo del muchacho.
Marcos Carabal se acercó a la escena, menos temeroso, dispuesto a reanudar su misión.
- Déjale un poco más.- Era dificil ver sonreír a Julián en dos ocasiones, y en tan poco tiempo. Su brazo se alargaba hasta coger a Marcos por la manga de su chaqueta de pana. Éste comprendió la súplica con madurez. Tenía que apartar sus temores para no ser víctima de ellos de nuevo.
Finalmente, el frenesí terminó, y los tres hombres se miraron con tranquilidad.
- Necesitaba volver a veros.
- Nosotros te necesitamos a ti.