Sinceramente nunca he creído necesario respetar el orden establecido de las cosas. Desde pequeño, me ha parecido más divertido sorprender y sorprenderme, con pequeñas improvisaciones y excentricidades dentro de la normalidad. (todavía no ha llegado el momento de cabalgar en gacela por la estepa siberiana, pero todo se andará). Sin embargo, me gustaría compartir la reflexión acerca del protocolo invisible de lo que hacemos cuando interactuamos con alguien. El llamado "cara a cara". (todo esto ha venido por encontrarme con un/a familiar de un paciente que se lo ha saltado a la torera... no voy a entrar en detalles).
Aviso antes de continuar que no es una gran reflexión (ni en cantidad ni en calidad)... pero si que me ha ido rondando un tiempo por la cabeza. Veamos...
Llegas, "hola", "hola", contacto visual. Integras información acerca de cejas, movimientos oculares, movimientos de las manos, postura, el gesto en general y sus pequeñas concreciones. Te empuja una mirada, retrocedes, te cruzas de brazos, te das cuenta que lo has hecho, cambias postura, avanzas un paso, la otra persona avanza hacia ti otro. Y mientras tanto el protocolo sigue sonando.
"¿Qué tal?" "Bien" "Me alegro".
Todo es muy plástico y muy necesario, ya que nuestros gestos se encargan de decir quiénes somos.
Si avanzamos hacia lo desconocido o si nos hacemos a un lado. Si mantenemos la mirada fija o no dejamos de pestañear. Si inventamos o recordamos, si nos alegramos o nos atemoriza, si ...
"Es un placer conocerle" "Igualmente".
Los brazos en la espalda mostrando el pecho sin temor. Los brazos cruzados negando cualquier accesibilidad. Mesarse la barba, los cabellos. Copiar una acción de aquel/la que tenemos delante.
Inconscientemente vamos a abordar a nuestro interlocutor.
Los que me conocéis sabéis que me gusta llevarlo al territorio del consciente para jugar con ello. Pero no es más que una ficción. Cada uno tiene su protocolo, y si hemos decidido que nos interesa esa persona y/o conversación, lo respetaremos, como dije, inconscientemente.
Un par de coincidencias en la postura y conversación y el gesto se relaja. Sientes que te devuelven una sonrisa de forma espontánea. Desaparece un juicio invisible...
Es entonces cuando te vuelves vulnerable y se rompe el tan nombrado (en esta entrada) protocolo. Y aquí las palabras pasan a ser quiénes nos defienden...
"Bueno...eh, pues ya hablamos". "Claro...".O directamente un silencio incómodo.
Y nos hace sentir incómodos porque volver a los gestos de defensa sería un insulto. Y porque avanzar muy deprisa nos incomoda casi mása nosotros que al recién conocido/a. Y gracias a Dios, cuando estás en una linea dificil de delimitar, aparece una trivialidad con la que zanjar aquello, un conocido/a que te saluda, o cualquier estupidez rutinaria que sirva como excusa.
Somos seres sociales (y sociables). Está escrito en nuestro ADN que nos necesitamos mutuamente, y por eso hemos aprendido a estudiarnos y abordarnos sin hacer un gran esfuerzo. Así que mi reflexión giraba en torno a que todos deberíamos creernos tanto las primeras como segundas impresiones. (siempre y cuando no hayamos entrado prejuzgando). Esta "sensación" que nos da alguien es la verdad de quién es.
Cuando lo lleves al espectro consciente lo contaminárás con lo que tu esperas que sea ese tipo de interlocutor, o lo que directamente necesitas. (somos seres sociales si, pero por el interés común de la supervivencia y no por hacer quedadas hippies). Por lo tanto, pienso que hay que divertirse de las torpezas comunicativas, y experimentarlas como una transgresión del subconsciente hacia la realidad. Cómo ese momento en que aún estás soñando pero tienes que despertar. La visión real de como funciona el intrincado y laberíntico cerebrito nuestro.
No más brazos cruzados. =)
lunes, 30 de mayo de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
¿qué es un minuto leyendo?
Centras tu atención en un punto. Al mismo tiempo tu cerebro establece conexiones con todo lo relacionado con el texto en sí, y el autor/a del mismo. Inconscientemente ya sabes en un 90% si te va a gustar o no lo que lees. Siempre dispuestos a juzgar (o prejuzgar en este caso). Una actitud que no te permite disfrutar de tu minuto. Y ya han pasado varios segundos. Dependiendo de cada cual, incluso casi el 50 % de un tiempo destinado a disfrutar, se ha ido perdiendo en ti mismo/a. ¿Cómo podemos entonces impregnarnos de lo ajeno? Un minuto, bajo mi humilde opinión, es lo más valioso que tenemos a nuestro alrededor.
Te quedan 40 segundos. Tu cerebro sigue integrando la información. Un millón de chispazos (literalemnte) viajan a la velocidad de la luz por los axones de las neuronas, implosionando en sinapsis (las conexiones entre éstas mismas neuronas), que hacen que todo lo recibido del exterior tenga un sentido.
No avancemos por aquí que se termina el tiempo.
Deberías estar entusiasmado/a. Quedan segundos. El corazón ha latido 60 veces como mínimo. Has respirado unas 10, y has movido más de 100 músculos para desaprovechar 30 segundos.
Céntrate.
Siente el aire en tus pulmones. Piensa en la arquitectura que te rodea. La luz que envuelve los objetos que tienes a tu alrededor. Los recovecos de sombras que se forman en sus aristas. La textura del teclado y de la silla, sus sonidos y chasquidos. Todo es maravillosamente complejo si lo analizamos en concreto, y pasa a transformarse en un coro que entendemos a la perfección si vemos el conjunto. Deberíais pensar porqué veo ésto de color negro, o el tacto de aquello se que es rudo. Disfrutar de cómo los fotones son absorvidos por madejas de átomos, rebotando de los mismos e impactando en vuestras retinas. Por poner un ejemplo fácil y rápido.
Sigamos.
Abre una ventana o acércate a una. Lo que te golpea es el espacio. La más absoluta e inquietante inmensidad, que en lugar de aprisionarte y hacerte sentir pequeño, te protege de las explosiones y tormentas físicas que pueblan su espesura. En esa ventana abierta, frente a ti, hay miles de personas con sus sinapsis explotando en estos momentos. Su arquitectura envolviéndoles, y su espacio propio protegiéndoles.
Un minuto que quiere transformarse en eternidad es aquel en el que lo que abrazas te supera. Pienso que si intentamos ser conscientes de lo que nos rodea, será más fácil de entender... y de abrazar.
Y que a cada cual le supere a su nivel. Pero que te supere.
No más metáforas escritas. La metáfora la tienes rodeándote y sólo has de disfrutarla.
Te quedan 40 segundos. Tu cerebro sigue integrando la información. Un millón de chispazos (literalemnte) viajan a la velocidad de la luz por los axones de las neuronas, implosionando en sinapsis (las conexiones entre éstas mismas neuronas), que hacen que todo lo recibido del exterior tenga un sentido.
No avancemos por aquí que se termina el tiempo.
Deberías estar entusiasmado/a. Quedan segundos. El corazón ha latido 60 veces como mínimo. Has respirado unas 10, y has movido más de 100 músculos para desaprovechar 30 segundos.
Céntrate.
Siente el aire en tus pulmones. Piensa en la arquitectura que te rodea. La luz que envuelve los objetos que tienes a tu alrededor. Los recovecos de sombras que se forman en sus aristas. La textura del teclado y de la silla, sus sonidos y chasquidos. Todo es maravillosamente complejo si lo analizamos en concreto, y pasa a transformarse en un coro que entendemos a la perfección si vemos el conjunto. Deberíais pensar porqué veo ésto de color negro, o el tacto de aquello se que es rudo. Disfrutar de cómo los fotones son absorvidos por madejas de átomos, rebotando de los mismos e impactando en vuestras retinas. Por poner un ejemplo fácil y rápido.
Sigamos.
Abre una ventana o acércate a una. Lo que te golpea es el espacio. La más absoluta e inquietante inmensidad, que en lugar de aprisionarte y hacerte sentir pequeño, te protege de las explosiones y tormentas físicas que pueblan su espesura. En esa ventana abierta, frente a ti, hay miles de personas con sus sinapsis explotando en estos momentos. Su arquitectura envolviéndoles, y su espacio propio protegiéndoles.
Un minuto que quiere transformarse en eternidad es aquel en el que lo que abrazas te supera. Pienso que si intentamos ser conscientes de lo que nos rodea, será más fácil de entender... y de abrazar.
Y que a cada cual le supere a su nivel. Pero que te supere.
No más metáforas escritas. La metáfora la tienes rodeándote y sólo has de disfrutarla.
Presentación
A quiénes me conocéis de "larecirterie", de "Martin", de "Ojos verdes"...o incluso de diversos foros de escritores noveles; os agradezco los ánimos y apoyos varios en toda la pequeña historia privada de mis letras. A los/as nuevos/as, bienvenidos/as.
Soy conciso (si me alargo me delatará el ego), y sólo puedo decir como presentación de este nuevo blog: "Adelante si te atreves".
Voy a intentar mantener una conversación con todos/as las personas que conozco virtualmente. Se trata de abrir al público las partes públicas de mi cerebro. Y sabiendo que cada vez dispongo de menos tiempo de ocio para hacerlo uno por uno y una por una... pues al menos tenéis parte de mi discurso y reflexiones para leer cuando os apetezca pensar.
No exijo ningún conocimiento previo. Quiénes me conocéis, sabéis que todo lo que digo lo hago inusualmente didáctico, y pudiendo (o no) conocer citas y argumentos de personas mucho más sabias que yo, nunca me apoyo en lo que otros dijeron para dar mis pasos. (y mucho menos para usarlo en mi beneficio).
Resumiendo. Lo que aquí escribiré es tan sencillo como una tarde de café.
Un saludo
Soy conciso (si me alargo me delatará el ego), y sólo puedo decir como presentación de este nuevo blog: "Adelante si te atreves".
Voy a intentar mantener una conversación con todos/as las personas que conozco virtualmente. Se trata de abrir al público las partes públicas de mi cerebro. Y sabiendo que cada vez dispongo de menos tiempo de ocio para hacerlo uno por uno y una por una... pues al menos tenéis parte de mi discurso y reflexiones para leer cuando os apetezca pensar.
No exijo ningún conocimiento previo. Quiénes me conocéis, sabéis que todo lo que digo lo hago inusualmente didáctico, y pudiendo (o no) conocer citas y argumentos de personas mucho más sabias que yo, nunca me apoyo en lo que otros dijeron para dar mis pasos. (y mucho menos para usarlo en mi beneficio).
Resumiendo. Lo que aquí escribiré es tan sencillo como una tarde de café.
Un saludo
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