miércoles, 27 de julio de 2011

Paradoja de las croquetas

Me obligo a escribir sobre ellas, consciente del abuso indiscriminado y poco solemne que hago de sus mercedes normalmente. Seres procariotiformes, ingenuos, colibríes del desánimo; que observan noche tras noche el drama de su existencia. DRAMA. Palabra escarlatínica. BOCIO. Sigamos.

Contemplando desde la lejanía la sartén, el plato de cerámica chinesca, los fogones... uno se siente muy pequeño. Croquetesco. Empatiza con albornoces de pan rallado y carne triturada, siendo un sublime canto a la locura el terminar devorándolas sin piedad. Esto te hace poner negro sobre blanco todo lo que experimentas con tal homicidio. Croqueticidio. Rosarios no se han fabricado para exculpar mis jugos gástricos. Que le den a la Iglesia, dicho sea de paso.

Así pues, gentes votantes de partidos políticos conformados por una nutria y medio bollo rancio, uníos. Abandonad la falsa visión de que el Ikea os salvará, y abrazad el Croquetismo.
Croquetismo, reverb, tismo, reverb, tismo.

Seguiremos informando, tengo hambre.

Jack Nicholson en el Resplandor. Abro la nevera. Cierro la muralla. Ana Belén, te odio, puta.

Reflexión con estómago lleno: Leyendo el Science Now me encuentro esta mierda:
Asian Elephants Are Social Networkers . A mi (y a nadie) qué carajo puede importar esto, sabiendo que seguimos en la inopia rebozada.
 
Ha sido una dura lucha contra las convicciones que minutos antes defendía. (más mi subconsciente bien sabía cual iba a ser el resultado cuando tituló esto: Paradoja. Paraguay. Parafernalia. Paratiroides).
Así es. Una maldita paradoja, que devores al único grupo político que puede salvarte de ser rebozado por los partidos mayoritarios. Comer para defender tus ideas. Arcaico y reptiliano acto dificil de justificar.
Y por ello nos va como el tomate que perdió Cristo. Tirando a mal. Y sin tirar.
 
Mañana (o el próximo dia en el que me encuentre con ellas), espero saber reaccionar al reto irracional consistente en verlas cara a cara. Doraditas. Rellenas. Suaves.
 
Tres escaños menos en el parlamento. Y si, Ana Belén, zorra. 

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